Hoy, 07 de julio de 2011, fue la premier de Harry Potter and the Deathly Hallows (pt. 2) en Londres. Pude ver parte de lo que ocurrió en la alfombra roja durante la tarde en vivo, via Youtube. Estaba todo el cast: alumnos, profesores, villanos, hasta el conserje Filch. Todas las personas que en los últimos once años han trabajado inagotablemente para darle vida a la historia que se le ocurriera hace más de una década en un viaje de tren. El día de hoy, con la primere de la última película (que corresponde al séptimo y último libro de la saga), culmina la historia de El Niño que Vivió.

Recuerdo bien la época en que se estrenó la primera película en cines, y el boom de los libros que le siguió. Ésta no despertó ningún interés en mi en aquel entonces. Sin embargo, la navidad del año 2001, recibí un regalo poco usual de mi papá: un libro. Harry Potter y la Piedra Filosofal. No entendía de qué se trataba, no entendía qué lo movió a regalarme aquello, tan inesperado y diferente de los videojuegos y consolas que solía pedir en navidad, pero lo acepté gustoso. Esa misma noche empecé a leer, y entonces ocurrió la magia. El primer capítulo capturó el 200% de mi atención, al punto de que me emocioné como el niño pequeño que era cuando Harry habló por primera vez, en respuesta a los gritos de su tía por la mañana.

De ahí en adelante, es una historia muy similar a la de millones de lectores de todo el mundo. Una historia que creció en mí poco a poco, personajes de quienes me encariñé, personajes a quienes odié, personajes a quienes temía. Todos ellos vivían más allá de la tinta y el papel, y se quedaron dentro de mi a lo largo de todos estos años. Empecé a leer la saga en diciembre de 2001, con once años de edad. y terminé de leerla en julio de 2007, tres días después de mi graduación de bachiller, con 16 años. Cinco años en los que leí y releí hasta el cansancio. Cinco años en los que me aprendí, sin saberlo, hechizos, pociones, lugares, personas. Cinco años que constituyeron una de las etapas más importantes de mi vida, y que todos esos personajes, como si de amigos se tratara, atravesaron conmigo.

Me conmovió horrores leer el último libro. Desde principio a fin, fue una experiencia inolvidable. Al llegar a las últimas páginas sentí que aquellos amigos se iban para siempre, que era el final de algo. Y ahora, que se acerca el estreno mundial de la última película de la saga, vuelve ese sentimiento, esta vez (debo confesar) un poco más triste y amargo. Me conmueve muchísimo saber que Harry Potter está por acabar (una vez más). Hoy, ver a Joanne Rowling sumida en llanto, riendo y agradeciendo a todos los fans, y a todo el cast de las películas, me sacudió bastante; ver a quienes dieron vida a Harry, Ron y Hermione llorar, agradecer, y despedirse, me sacó más de una lágrima. A pesar de toda la tristeza que me da que esta saga acabe, me siento feliz de haber sido parte de esto. Me siento diferente a quienes nunca entendieron o conocieron la historia. Me siento parte de una generación de niños, adolescentes y adultos que gracias a Harry Potter, vivieron 11 años de risas, tristezas, despedidas, lágrimas, emociones, 11 años mágicos.

“Hogwarts will always be there to welcome you home”

– Joanne Kathleen Rowling.