Hace 4 años empecé este blog. Siempre fue más una especie de diario personal que otra cosa, pero los ocasionales lectores lo han hecho una experiencia agradable. A pesar de que no lo actualizo seguido, siempre está para mí como una perfecta válvula de escape. Y es que no hay mejor manera que escapar de todo que con caminos de palabras, letras, y signos de puntuación inesperados.

Ya que se me ha acusado de hacer spam en redes sociales (cosa con la que no concuerdo, naturalmente), creo que me empezaré a pasear más seguido por aquí. Esto, como parte de muchas otras cosas que quiero (y espero) retomar en mi vida, tal vez sirva para recordar por qué y para qué empecé esto. A veces para tener claro a dónde se quiere ir, es necesario recordar dónde se empezó, ¿no es así?

Recuerdo haber hecho en este mismo lugar, hace un tiempo, una comparación, un antes/después de mí mismo. Si hiciera eso en este momento, tal vez no me gustaría del todo el resultado. Pero viendo el panorama completo, puedo decir que estoy bien. Tal vez no como me gustaría, pero es parte de la naturaleza humana desvivirse por esas trivialidades, y no vernos a nosotros mismos como somos en realidad. Total, los caminos se construyen a medida que caminamos, para eso tenemos manos y pies.

Por dentro, sigo teniendo 17 años, sigo amando a My Chemical Romance y sigo odiando que me llamen mentiroso; sigo pensando que puedo valerme por mí mismo en casi todos los aspectos de mi vida, aunque en la práctica, se demuestre lo contrario… Pero no dejo de intentar; soy un poco más misántropo que antes, ¡y me gusta! Porque aprecio en mayor medida a las personas que se han ganado un lugar especial en mí, y de más está decir que son selectas.

Este mes de enero fue una montaña rusa. De esas que odias, y te asustan, pero que al bajarte te dejan con ganas de montarte de nuevo. Hubo una vuelta muy fea en la última semana, y sigo mareado. Espero que en febrero venga algo mejor, o en cualquier otro mes. Porque a fin de cuenta, son sólo doce, y se repiten a cada rato.