febrero 2012


Este mes de febrero resultó ser un plot-twist bastante interesante para mí, aunque decirlo sea muy global; fue un buen mes, a pesar de uno que otro detalle. Visité Maracay por cuarta vez, dónde visité a Domingo y Gonzalo, conocí a Daphne y a Vulky, y pasé cuatro días espléndidos con Andrea (tres allá, y uno que ella vino a pasar aquí). Quedé con muchas ganas de volver, siempre la paso bastante bien allá. Me reciben bien y me divierto, muy simple y sin embargo, muy sobrecogedor.

Estoy algo ocioso, ya no estoy trabajando. Podría (no, más bien debería) estar aprovechando mi tiempo libre en cosas que lo requieren, pero estoy postergando eso. Otras cosas no pudieron seguir siendo postergadas, y tuve que decirles adiós. Las despedidas nunca son buenas, pero en este caso fue muy necesaria. Hay que seguir adelante.

Aquí estoy, la penúltima noche del mes, escuchando The Beatles, divagando, revisando en mi mente cosas que ocurrieron en estos pasados 28 días (este año nos toca un bonus track). No sé qué esperar de marzo, más que se aclaren un poco algunas cosas. Ha sido un buen año hasta ahora. Nunca había tenido dos buenos meses seguidos, o al menos no que yo recuerde.

Quedé con ganas de repetir. Con ganas de volver a salir de Guatire y Caracas, con ganas de volver a ver a mis amigos y amigas, con ganas de volver a probar un chocolate con un bachaco tostado encima (cortesía de Andrea)… Con ganas de pasar todas las noches del año allá arriba.

Sé bueno, marzo.

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No es cierto que cuando estamos mal, las cosas sólo salen peor y peor. Es sólo la percepción que tenemos, ofuscada por el negativismo, la tristeza y a veces la rabia. Pero cómo molesta esa sensación punzante. Esos pies invisibles que te pisan los dedos cuando intentas levantarte del suelo. Me encuentro muy seguido pensando que una solución simple sería encerrarme. En mi cuarto, en mis sábanas, en mi cabeza. Pero  nada sería suficiente, porque siempre faltará un algo, un alguien y un dónde. Si tan solo pudiera dormir. Es la única manera que encuentro de escapar de mí mismo, sin importar que existan pequeñas excepciones, en las que mis sueños hacen caso omiso y me hacen estar despierto 24 horas al día. Porque quiera  o no, sueño de día y de noche.

No bastan sus sonrisas, no bastan sus palabras, no bastan sus siluetas en la noche. No basta nada, no son nada.