enero 2013


La tercera reseña, del tercer álbum de la trilogía de Green Day, que escribí nuevamente para Oídos Sucios, y que había olvidado compartir por este medio.

 

Finalmente llegó el cierre de la trilogía de Green Day, que inició en septiembre con ¡Uno! y siguió en noviembre con ¡Dos!

Originalmente pautado para salir en enero, este tercer álbum fue adelantado a diciembre para compensar la cancelación de una gran cantidad de shows, decisión que la banda tomó debido al proceso de rehabilitación por el que está pasando Billie Joe Armstrong, luego de que tuviera un arranque de ira en el escenario del iHeart Radio Festival, donde le quitaron 20 minutos de presentación a Green Day (sin avisarles con anticipación) para dárselos al rapero Usher, y se los hicieron saber con un cartel indicándoles que les quedaba 1 minuto de presentación mientras tocaban “Basket Case”.

Es así como, un mes antes de lo que se esperaba, llega ¡Tré!, el final de esta trilogía, llamado así por el apodo del baterista (Tré Cool). En los dos álbumes anteriores nos vimos envueltos en diferentes “ambientes”, se podría decir. ¡Uno! fue una explosión de Power Pop y Punk-Rock noventero, ¡Dos! fue una fiesta de Garage Rock y Rock & Roll. En ¡Tré!, sin embargo, no ocurre lo mismo. De hecho, el álbum podría aproximarse a ser una combinación de los dos anteriores, pero eso no alcanzaría a describir el aire semi-alternativo que tiene. Muchas de las canciones tienen tonos muy personales, por lo que uno fácilmente puede identificarse con ellas, y al escucharlas, te dan cierta sensación de intimidad.

Una cosa sí es evidente: con el tracklist de este álbum, se tomaron mucha libertad creativa, y en cuanto a influencias musicales se refiere, tiene muchos matices. Desde que inicia “Brutal Love”, con ritmo de Vals y tintes de Soul, te das cuenta de que no es un álbum típico de Green Day. Si bien pudiera parecer que algunas canciones están fuera de lugar para la propuesta que la banda venía ofreciendo con los álbumes anteriores, toma escucharlo unas cuantas veces para que las canciones vayan calando. No obstante, hay canciones como “Missing You”, que si bien no es una mala canción, suena repetida luego de haber escuchado “Stay the Night” y “Fell For You” en ¡Uno!; o “Drama Queen”, que tiene aire de ser más un demo hecho por Billie Joe en el mini-estudio de su casa de playa en California que ser material lo suficientemente fuerte como para un álbum, el mismo caso de la canción que abre ¡Dos!, “See You Tonight”.

De aproximadamente 60 canciones que fueron escritas para un álbum que desembocó en una trilogía (según reveló Billie en parte del  documental ¡Quatro!,que fue transmitido a finales de noviembre por el canal de televisión Vh1), uno no puede evitar preguntarse: ¿pudieron haber utilizado algunas canciones diferentes? La respuesta la dará el tiempo. Algo similar ocurrió con 21st Century Breakdown, para el cual se escribieron originalmente 45 canciones, y a más de 3 años de su lanzamiento, mantiene un buen lugar entre la discografía de la banda, pese a las críticas que recibió.

Pero el álbum, en su mayoría, trae canciones bastante buenas, que gustan desde la primera vez que se escuchan: “8th Avenue Serenade”, una pieza bastante divertida melódica y armónicamente hablando, que suena como a una canción que podría haber escrito el Blink-182 post 2004; “Amanda”, otra canción excelente (que curiosamente, vendría siendo la 5ta canción de Green Day con un nombre de mujer); “Sex, Drugs & Violence”  (cuyo título recuerda a “Blood, Sex and Booze” del álbum Warning), otra canción con ese sonido de vieja escuela  característico de la banda, y que tiene un par de líneas cantadas por el basjista, Mike Dirnt.  También tiene canciones bastante nostálgicas, como “Little Boy Named Train” y “Walk Away”. “X-Kid”, que es uno de los puntos fuertes del álbum, también es una canción un tanto melancólica, que bien pudiera haber escrito Billie refiriéndose a sí mismo. La canción tiene un riff de guitarra con sonido vintage, mientras que al llegar al coro, suena muy a 21st Century Breakdown.

Otra canción que sobresale (y en mi opinión, la mejor del álbum) es “Dirty Rotten Bastards”, que recuerda un poco a lo que hiciera la banda anteriormente en American Idiot, cuando escribían canciones con varias partes (aunque esta no esté expresamente escrita así). Inicia con una melodía que te hace querer cantar y bailar, y luego pasa de unos coros irónicos y alegres, a una parte mucho más rápida y fúrica (tanto instrumental como líricamente), para luego volver al inicio. Está ubicada casi al final del álbum, y parece algo casi estratégico, puesto que para la segunda vez que se escuches el álbum, querrás llegar a esta canción, que casi parece sacada de una de las óperas Rock de la banda.

Finalmente, llega el cierre del álbum y de la trilogía con “The Forgotten”, una canción que parece extraída del álbum Let It Be del cuarteto de Liverpool. Es una pieza bastante melancólica, musicalizada principalmente por Billie  al piano, y que además incluye una sección de cuerdas, convirtiéndola no sólo en una canción muy hermosa y entrañable, sino en una de las mejores baladas escritas por él.  Tal y como han dicho tanto el frontman de la banda como su productor, ¡Tré! es un final épico para esta trilogía. No “épico” de la manera en que lo fueron American Idiot o 21st Century Breakdown, puesto que estos fueron álbumes creados con un propósito distinto; pero sí, es una manera acertada de describir el cierre de esta nueva etapa de la carrera musical de Green Day.

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Terminó mi 2011 Master Quest, conocido por algunos como 2012. Terminó bastante bien, debo decir, a diferencia del primer intento. No morí tantas veces como cuando pasé el primer The Legend of Zelda, sin duda. Hubo un par de bajas no muy importantes, aproveché mis checkpoints, pasé de largo más de una vez por diversos pasajes sin usar marca-libros, y conseguí todos los fragmentos de corazón.

Ese Master Quest me dejó algunas cosas, unas buenas, otras, lamentablemente, no tantas. Una inconformidad que casi raya en desprecio y/o repugnancia hacia la sociedad venezolana, fue una de ellas. Es algo contra lo que he tratado de luchar, pero es como un Priori Incantatem contra el que siempre resulto perdedor. Mientras más observo a la gente, menos quiero interactuar con ella. Mientras más salgo a la calle, más me provoca quedarme en casa. Mientras más a merced estoy a los buenos modales (inexistentes en su mayoría) y buena educación (lo “buena” es cuestionable) de quienes prestan servicios públicos en este país, en todas las diferentes ramas posibles,  más siento que no pertenezco a esta sociedad. Es algo que de verdad me cuesta mucho explicar, esta sensación de impotencia, de rabia, de imposibilidad de entender cómo y por qué la gente se comporta de tales maneras; no sé si estoy mal yo, no sé si soy inconforme y siempre espero demasiado, pero llego a la misma conclusión una y otra vez: siento que no pertenezco a esta sociedad.

Terminé el Master Quest con un año más, obviamente. Un año más de experiencia, con menos HP del que tenía antes, pero con importantes items nuevos: composiciones, propias y ajenas. Leer y escribir han sido las dos cosas que más me han movido durante todo el año, y si me permiten decirlo, he escrito más de lo que he leído, cosa de la que me siento orgulloso. Aunque no sean las más grandes obras de este siglo, han sido pequeñas piezas de experiencia consolidadas en papel que han salido de mi cabeza, mi mano y mi bolígrafo. Desde agosto y hasta el día de hoy, he empezado a poner en marcha ese material, y espero algún día poder enseñárselos acá, a quien sea que pueda estar interesado. Dejé de tomarme en serio hace años eso de ponerme metas para el año nuevo (metas que se me ocurrían 3 minutos antes del momento de comerme las uvas antes de las 12:00 am del 31 de diciembre, y que en el 90% de las ocasiones, terminaba repitiendo hasta llegar a contar 12), y sin embargo, la única meta que realmente pude cumplir durante ese Master Quest, fue leer más. Y espero que la inflación y la decadente economía que cada vez ataca más a mi país no me prohíba seguir leyendo (si es posible, aún más que el año pasado), puesto que soy amante del papel y la pasta dura, y no dispongo de ningún dispositivo electrónico para leer (aunque no soy fanático de este método, a decir verdad).

Lo mejor que me dejó el Master Quest, por una ventaja grande, fue la compañía de una persona increíble, una persona como ninguna que haya conocido antes, y con quien he vivido momentos increíbles, visto cosas nuevas, y visitado lugares más allá de los confines del mapa. Han sido hasta ahora 6 meses (más unos días) de risas, de inventos, de fotografías graciosas, fotografías serias, de carreras de traseros (no preguntar), de combates cuerpo-a-cuerpo espontáneos en lugares al azar, de cafés (muchos, pero muchos cafés), películas, música, largas caminatas, y más, mucho más. Es complicado condensar en palabras todo lo que Karen me ha dado, todo lo que he vivido con ella, y especialmente, lo feliz que me ha hecho, y lo agradecido que me siento por su presencia en mi vida, pero merece una mención honorífica en este pequeño sumario del Master Quest, ya que gracias a ella, lo disfruté al máximo, y lo terminé con creces.

Espero que el ya presente 2013 (sí, me atrasé con esto por una semana) traiga capítulos más interesantes, mapas nuevos, jefes más fáciles de derrotar, acertijos más cortos, compases más armoniosos, y sobre todo, un mejor sistema de logros.

Feliz 2013, blog.