Terminó mi 2011 Master Quest, conocido por algunos como 2012. Terminó bastante bien, debo decir, a diferencia del primer intento. No morí tantas veces como cuando pasé el primer The Legend of Zelda, sin duda. Hubo un par de bajas no muy importantes, aproveché mis checkpoints, pasé de largo más de una vez por diversos pasajes sin usar marca-libros, y conseguí todos los fragmentos de corazón.

Ese Master Quest me dejó algunas cosas, unas buenas, otras, lamentablemente, no tantas. Una inconformidad que casi raya en desprecio y/o repugnancia hacia la sociedad venezolana, fue una de ellas. Es algo contra lo que he tratado de luchar, pero es como un Priori Incantatem contra el que siempre resulto perdedor. Mientras más observo a la gente, menos quiero interactuar con ella. Mientras más salgo a la calle, más me provoca quedarme en casa. Mientras más a merced estoy a los buenos modales (inexistentes en su mayoría) y buena educación (lo “buena” es cuestionable) de quienes prestan servicios públicos en este país, en todas las diferentes ramas posibles,  más siento que no pertenezco a esta sociedad. Es algo que de verdad me cuesta mucho explicar, esta sensación de impotencia, de rabia, de imposibilidad de entender cómo y por qué la gente se comporta de tales maneras; no sé si estoy mal yo, no sé si soy inconforme y siempre espero demasiado, pero llego a la misma conclusión una y otra vez: siento que no pertenezco a esta sociedad.

Terminé el Master Quest con un año más, obviamente. Un año más de experiencia, con menos HP del que tenía antes, pero con importantes items nuevos: composiciones, propias y ajenas. Leer y escribir han sido las dos cosas que más me han movido durante todo el año, y si me permiten decirlo, he escrito más de lo que he leído, cosa de la que me siento orgulloso. Aunque no sean las más grandes obras de este siglo, han sido pequeñas piezas de experiencia consolidadas en papel que han salido de mi cabeza, mi mano y mi bolígrafo. Desde agosto y hasta el día de hoy, he empezado a poner en marcha ese material, y espero algún día poder enseñárselos acá, a quien sea que pueda estar interesado. Dejé de tomarme en serio hace años eso de ponerme metas para el año nuevo (metas que se me ocurrían 3 minutos antes del momento de comerme las uvas antes de las 12:00 am del 31 de diciembre, y que en el 90% de las ocasiones, terminaba repitiendo hasta llegar a contar 12), y sin embargo, la única meta que realmente pude cumplir durante ese Master Quest, fue leer más. Y espero que la inflación y la decadente economía que cada vez ataca más a mi país no me prohíba seguir leyendo (si es posible, aún más que el año pasado), puesto que soy amante del papel y la pasta dura, y no dispongo de ningún dispositivo electrónico para leer (aunque no soy fanático de este método, a decir verdad).

Lo mejor que me dejó el Master Quest, por una ventaja grande, fue la compañía de una persona increíble, una persona como ninguna que haya conocido antes, y con quien he vivido momentos increíbles, visto cosas nuevas, y visitado lugares más allá de los confines del mapa. Han sido hasta ahora 6 meses (más unos días) de risas, de inventos, de fotografías graciosas, fotografías serias, de carreras de traseros (no preguntar), de combates cuerpo-a-cuerpo espontáneos en lugares al azar, de cafés (muchos, pero muchos cafés), películas, música, largas caminatas, y más, mucho más. Es complicado condensar en palabras todo lo que Karen me ha dado, todo lo que he vivido con ella, y especialmente, lo feliz que me ha hecho, y lo agradecido que me siento por su presencia en mi vida, pero merece una mención honorífica en este pequeño sumario del Master Quest, ya que gracias a ella, lo disfruté al máximo, y lo terminé con creces.

Espero que el ya presente 2013 (sí, me atrasé con esto por una semana) traiga capítulos más interesantes, mapas nuevos, jefes más fáciles de derrotar, acertijos más cortos, compases más armoniosos, y sobre todo, un mejor sistema de logros.

Feliz 2013, blog.