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Sobre la separación de My Chemical Romance, siento que puedo decir muchas y pocas cosas a la vez. Terminar más de una década de experiencias y recuerdos relacionados a esa banda con tan sólo 5 párrafos, sin ninguna explicación, se sintió como una broma bastante cruel. La cantidad de emociones que fluyeron a través de mí al momento de enterarme de eso serían imposibles de describir, y tampoco es que quisiera hacerlo. Pero en los últimos días, he tenido una creciente sensación dentro de mí, diciéndome que algo que se volvió tan importante en mi vida terminó, y es bastante desagradable.

No pensé que terminaría escribiendo algo al respecto, porque es completamente inútil. Nada que yo pueda decir al respecto va a deshacer el hecho de que se separaron, ni me va a hacer sentir mejor, ni va a hacer sentir mejor a nadie. Y la verdad es que, en este preciso momento, de este lunes a la 1:33 pm, estoy escribiendo sin pensar. Pero necesitaba hacerlo.

Desde el momento que leí ese anuncio, he recordado mucho el día que escuché por primera vez a My Chemical Romance, estando en 9no grado de bachillerato (tenía 14 años). Llegué bien temprano del colegio porque estaba en época de exámenes, y nos íbamos a casa al terminar el examen que tuviéramos cada día, y yo vivo muy cerca de ese colegio. Llegué y puse Mtv porque no tenía nada que hacer. Debían ser como las 8:30 am, o algo así, y a esa hora, Mtv tenía la sección Videorama, donde pasaban videos musicales varios. Ahí, entre todos esos videos al azar, me topé con el video de I’m Not Okay, y me atrapó desde el inicio. La canción era genial (aunque no tenía idea de lo que decía); el video, aparte de ser gracioso, era una descripción adecuada de cómo era mi vida en esa época. Durante los días que duraron esos exámenes, llegaba a mi casa y me encontraba con ese video en Mtv, pero luego no lo vi más. Nunca se me ocurrió buscar en internet el nombre de la banda (que se me hacía difícil de recordar), o de la canción, me limité a preguntarles a algunos amigos si los conocían, pero nadie sabía de ellos.

Unos meses después, me había medio olvidado de ellos, hasta que apareció el video de Helena, y ahí me atraparon. Me hicieron aprenderme el nombre de la banda. Me hicieron aprenderme la canción, aún sin saberme la letra. Me hicieron querer saber más de ellos, escuchar más de su música. A raíz de eso, averigüé (gracias a unos “punks” de mi salón) que había un sitio en mi pueblo donde podía conseguir CDs piratas de rock. Fui allá, y conseguí Three Cheers For Sweet Revenge. Y pasé los siguientes 2 años escuchándolo casi a diario. Me aprendí las canciones sin saberme las letras, y sin saber siquiera cómo se llamaban. El CD tenía sólo la portada con la ilustración de los amantes y el logo de la banda. No sé cómo poner en palabras cuánto me cambió ese álbum; cuánto me enseñó, cuánto crecí con él. Tengo muchísimos recuerdos atados a esas canciones: amigos, amores, viajes, momentos. Hice que amigos que decían odiar el rock amaran ese álbum conmigo y se aprendieran las canciones conmigo. Definió lo que se volvería mi gusto musical de la próxima década. Sus canciones eran un analgésico para mí en todo momento triste o difícil. Ellos siempre estaban ahí para mí,  como un escape infalible.

Así fue cuando conseguí The Black Parade, semanas después de su salida. Visitaba las dos tiendas de discos más “cercanas” a mí (porque igual tenía que tomar un autobús para ir a ellas) casi a diario, preguntando si había llegado. Y fue un día en que terminé con una novia que tenía en aquel entonces, y que me sentía triste, que conseguí el álbum. Lo guardé en una gaveta y esperé hasta acostarme en la noche para escucharlo, como hice mucho con Revenge. A la luz de la lámpara de mi mesa de noche, puse el  disco en mi radio portátil, y empecé a escucharlo. Canción por canción, línea por línea, sentía un éxtasis increíble. Cuando escuché I Don’t Love You, desahogué por completo lo que sentía con respecto a esa ruptura, y no volvió a molestarme más. Seguí degustando ese álbum tan perfecto hasta la última canción (y cabe destacar que me llevé una gran sorpresa cuando, de la nada, empezó a sonar la pista oculta luego de Famous Last Words).

En algún momento de esos 2 años entre Revenge y The Black Parade, en el mismo lugar donde compré el primero, vi I Brought You My Bullets, You Brought Me Your Love. En aquella época, mi acceso a internet era muy limitado y rudimentario, y yo no sabía que ellos tuvieran otro álbum, menos que era más viejo que Revenge. Lo compré y corrí a mi casa a escucharlo. Aún recuerdo los escalofríos que sentí al escuchar Our Lady of Sorrows. Hicieron que mi amor por ellos creciera aún más, más de lo creía posible. Además, por supuesto, que me sentía feliz por el hecho de que ahora tenía dos álbumes para escuchar, en lugar de uno. Tristemente, jamás pude conseguir ese CD original (Revenge me lo regaló una amiga del colegio cuando cumplí 15 años), y hasta el día de hoy, es el único que me falta para completar su discografía.

En 2006, con la salida de su video-diario en DVD, Life on the Murder Scene, los conocí aún más, y sentí una compenetración increíble con ellos. Sentí que los conocí aún más, su música tomó un significado mucho más grande para mí, y el hecho de tener de repente tanto material de ellos en vivo (cosa que no había visto antes de eso), fue simplemente alucinante. Recuerdo que compré ese DVD junto a Bullet In a Bible de Green Day, pero llegué a mi casa corriendo a poner el de My Chemical Romance. Y hasta la fecha, cada vez que veo ese DVD, aprendo algo nuevo sobre ellos, veo más detalles que no vi en ocasiones anteriores, y siempre crece el cariño que les tengo; por todo lo que son, por todo lo que hacen, y por todo lo que representan.

Pasaron así aproximadamente unos 3 años desde que descubrí Revenge, y ya tenía en mi posesión 3 álbumes de My Chemical Romance, 3 álbumes que eran casi una religión para mí. Con ellos, llegaron a mí otras bandas (Green Day, Blink-182, Simple Plan –mi inicio en el punk-rock fue bastante tardío, sí). Hoy en día escucho muchísimos grupos más, de géneros más diversos, pero ninguna ha dejado una huella tan fuerte en mí como My Chemical Romance. Ellos me hicieron lo que soy hoy en día, y no exagero con decir esto. Escuchar su música me hizo una persona más fuerte, me dio herramientas nuevas para afrontar cualquier cosa que se me viniera encima (y que por más dramático que pueda sonar, estando en el colegio, eran bastantes), y me dio algo a lo que aferrarme cuando todo lo demás fallara. Me dieron ideas, me dieron motivos. Escuchar que esa banda, responsable de todo eso, se separaba, no fue cosa fácil. La tristeza que sentí (y que aún siento), es grande, por muchas razones que siquiera todo lo que ya he escrito, difícilmente alcanza a explicar. Es como perder a tu mejor amigo de la adolescencia, ese que te vio crecer, que te vio reír, que tomó tu mano cuando lloraste, que te empujó hacia un camino desconocido y nuevo, pero que siempre te estuvo cuidando la espalda a cada paso que dabas. My Chemical Romance es parte de mi identidad, más de lo que yo mismo podría confirmar, pues creo que casi todos mis amigos, y hasta personas que no lo son, me identifican con ellos. No lloro sólo porque no vaya a tener más música de ellos, o porque no vaya a tener más conciertos de ellos. Lloro porque siento que perdí una parte muy grande de mi identidad.

Dos días después de este anuncio, Gerard Way publicó en su Twitter una carta, sobre la cual prefiero no hablar demasiado, pues es bastante larga, personal, y abstracta, y es necesario leerla para entenderla (sin embargo, aquí tienen el enlace para leerla). Lo importante de esta carta, es que  Gerard explicaba, entre muchas cosas, que la banda no se separó por culpa de una persona en particular, ni por algún problema o discusión de ningún tipo. Dijo que se separaron bajo una situación que tenían prevista desde hace mucho tiempo, y que no fue una decisión tomada por motivos “externos” (con esto se refirió a: bajas ventas de discos, poca asistencia a conciertos, o mala reputación de la banda en general). Dio mucho que pensar al hablar de los motivos por los cuales la banda se separó, pues andan circulando rumores de que en realidad la separación vino por problemas legales relacionados al nombre de la banda, y/o porque están siendo despedidos por su compañía disquera. Mencionó que todos “sabían” que había llegado el momento de terminar la banda, pero no hizo alusión a ninguno de esos rumores. Oros rumores apuntan a que Gerard, Mikel, Ray y Frank retomarán su actividad musical como grupo bajo un nuevo nombre, empezando como una nueva banda; si bien esto sería algo bastante bueno, he preferido evitar pensar demasiado en esto, para no hacerme falsas ilusiones. El tiempo dirá qué va a ser de ellos.

Leer la carta de Gerard tuvo un efecto bastante extraño en mí. Confieso que me tranquilizó, primero que todo. Me conmovió muchísimo, y en mi mente, repetía constantemente “gracias, Gerard.” Ante todo, fue honesto y directo, como se necesitaba. Me dio bastante tristeza también, pues era la confirmación final de que My Chemical Romance terminó. Pero como dijo al final de la carta, “My Chemical Romance terminó. Pero nunca podrá morir. Está viva en mí, en los muchachos, y está viva en todos ustedes. Siempre lo supe, y creo que ustedes también lo sabían. Porque no es una banda, es una idea.” He pensado, he querido volver a leer esa carta, y no he tenido el valor de hacerlo (y algo en mí me dice que ni siquiera lo necesito), pero esas palabras quedaron en mí, y creo que fueron las que me dieron el cierre que necesitaba con respecto a este asunto. Por supuesto, aún me siento triste por el hecho de saber que no volveré a comprar un álbum de My Chemical Romance, y que no tendré la oportunidad de volver a esa banda de nuevo (aunque me siento muy feliz de poder decir que hace 5 años los vi, y que fueron el primer concierto de rock al que asistí en mi vida).

En lo que sí tengo fe, es en el hecho de que todos ellos son grandes artistas que aman lo que hacen, y que seguirán haciendo música para nosotros en el futuro. Tengo que fe en que, en unos años, veré esta separación como una transición dolorosa pero necesaria (espero), y que tendré la alegría de volver a escucharlos, de volver a escuchar esa música que me hizo, a esos músicos que me enseñaron tanto, y que tanto admiro. Espero que todos lleguen a tener fe en esto al igual que yo.

“Art is the weapon. Your imagination is the ammunition. Stay dirty, and stay dangerous. Create and destroy as you see fit. Embrace your originality. The aftermath is secondary. You can and should do anything… Love what you do and who you truly are. Be willing to die for it. If you are true to yourself, you can never go wrong.” —Frank Iero.