¡Hola! Vuelvo a escribir acá después de bastante tiempo. No tengo razón para hacerlo más que haber leído un montón de entradas mías de cuando tenía entre 19 y 20 años y estaba en mi vieja universidad. Qué nostalgia. A pesar de que me avergüenza un poco leer a mi viejo “yo” (principalmente por mis horrores ortográficos), me causa gracia y una pizca de nostalgia recordar dónde estaba mi cabeza en el pasado; en personas, en reuniones con amigos, en tardes de patinar, en videojuegos, en pasar una madrugada de sábado despierto hasta las 3:30 am sin ningún motivo, en el final de las vacaciones y el inicio de un nuevo semestre de licenciatura en computación. ¡Cómo pasa el tiempo! Me parece que fue hace una eternidad cuando escribía una nota al final de cada período de vacaciones relatando si estas habían sido buenas o malas. Me parece que fue hace una eternidad cuando reseñaba cada álbum que mis bandas favoritas sacaban (cosa que, si bien hice unas entradas atrás, fue porque me lo pidieron). ¿Quién solía ser yo? Creo que siempre tenemos esa respuesta para nuestro “yo” pasado, jamás para el presente. 

 

Me cuesta pensar en algún aspecto de mi vida que sea el mismo que hace 3, 4, 5 años. Muchas cosas son muy diferentes en mi vida, algunas buenas, algunas malas, algunas que simplemente no les desearía a nadie. Pero aquí seguimos, poco a poco. Un día a la vez. “En la lucha”, como escucha uno decir al venezolano de calle. 

A veces extraño a ese yo cuya mayor preocupación era con quiénes salir el sábado, o dónde era el punto de encuentro para la convención de anime del fin de semana. Siempre decimos que la vida era más simple “antes”, pero siento que tener una vida simple “después” es todo un Everest. Vamos a ver a dónde llego en esta escalada.