La tercera reseña, del tercer álbum de la trilogía de Green Day, que escribí nuevamente para Oídos Sucios, y que había olvidado compartir por este medio.

 

Finalmente llegó el cierre de la trilogía de Green Day, que inició en septiembre con ¡Uno! y siguió en noviembre con ¡Dos!

Originalmente pautado para salir en enero, este tercer álbum fue adelantado a diciembre para compensar la cancelación de una gran cantidad de shows, decisión que la banda tomó debido al proceso de rehabilitación por el que está pasando Billie Joe Armstrong, luego de que tuviera un arranque de ira en el escenario del iHeart Radio Festival, donde le quitaron 20 minutos de presentación a Green Day (sin avisarles con anticipación) para dárselos al rapero Usher, y se los hicieron saber con un cartel indicándoles que les quedaba 1 minuto de presentación mientras tocaban “Basket Case”.

Es así como, un mes antes de lo que se esperaba, llega ¡Tré!, el final de esta trilogía, llamado así por el apodo del baterista (Tré Cool). En los dos álbumes anteriores nos vimos envueltos en diferentes “ambientes”, se podría decir. ¡Uno! fue una explosión de Power Pop y Punk-Rock noventero, ¡Dos! fue una fiesta de Garage Rock y Rock & Roll. En ¡Tré!, sin embargo, no ocurre lo mismo. De hecho, el álbum podría aproximarse a ser una combinación de los dos anteriores, pero eso no alcanzaría a describir el aire semi-alternativo que tiene. Muchas de las canciones tienen tonos muy personales, por lo que uno fácilmente puede identificarse con ellas, y al escucharlas, te dan cierta sensación de intimidad.

Una cosa sí es evidente: con el tracklist de este álbum, se tomaron mucha libertad creativa, y en cuanto a influencias musicales se refiere, tiene muchos matices. Desde que inicia “Brutal Love”, con ritmo de Vals y tintes de Soul, te das cuenta de que no es un álbum típico de Green Day. Si bien pudiera parecer que algunas canciones están fuera de lugar para la propuesta que la banda venía ofreciendo con los álbumes anteriores, toma escucharlo unas cuantas veces para que las canciones vayan calando. No obstante, hay canciones como “Missing You”, que si bien no es una mala canción, suena repetida luego de haber escuchado “Stay the Night” y “Fell For You” en ¡Uno!; o “Drama Queen”, que tiene aire de ser más un demo hecho por Billie Joe en el mini-estudio de su casa de playa en California que ser material lo suficientemente fuerte como para un álbum, el mismo caso de la canción que abre ¡Dos!, “See You Tonight”.

De aproximadamente 60 canciones que fueron escritas para un álbum que desembocó en una trilogía (según reveló Billie en parte del  documental ¡Quatro!,que fue transmitido a finales de noviembre por el canal de televisión Vh1), uno no puede evitar preguntarse: ¿pudieron haber utilizado algunas canciones diferentes? La respuesta la dará el tiempo. Algo similar ocurrió con 21st Century Breakdown, para el cual se escribieron originalmente 45 canciones, y a más de 3 años de su lanzamiento, mantiene un buen lugar entre la discografía de la banda, pese a las críticas que recibió.

Pero el álbum, en su mayoría, trae canciones bastante buenas, que gustan desde la primera vez que se escuchan: “8th Avenue Serenade”, una pieza bastante divertida melódica y armónicamente hablando, que suena como a una canción que podría haber escrito el Blink-182 post 2004; “Amanda”, otra canción excelente (que curiosamente, vendría siendo la 5ta canción de Green Day con un nombre de mujer); “Sex, Drugs & Violence”  (cuyo título recuerda a “Blood, Sex and Booze” del álbum Warning), otra canción con ese sonido de vieja escuela  característico de la banda, y que tiene un par de líneas cantadas por el basjista, Mike Dirnt.  También tiene canciones bastante nostálgicas, como “Little Boy Named Train” y “Walk Away”. “X-Kid”, que es uno de los puntos fuertes del álbum, también es una canción un tanto melancólica, que bien pudiera haber escrito Billie refiriéndose a sí mismo. La canción tiene un riff de guitarra con sonido vintage, mientras que al llegar al coro, suena muy a 21st Century Breakdown.

Otra canción que sobresale (y en mi opinión, la mejor del álbum) es “Dirty Rotten Bastards”, que recuerda un poco a lo que hiciera la banda anteriormente en American Idiot, cuando escribían canciones con varias partes (aunque esta no esté expresamente escrita así). Inicia con una melodía que te hace querer cantar y bailar, y luego pasa de unos coros irónicos y alegres, a una parte mucho más rápida y fúrica (tanto instrumental como líricamente), para luego volver al inicio. Está ubicada casi al final del álbum, y parece algo casi estratégico, puesto que para la segunda vez que se escuches el álbum, querrás llegar a esta canción, que casi parece sacada de una de las óperas Rock de la banda.

Finalmente, llega el cierre del álbum y de la trilogía con “The Forgotten”, una canción que parece extraída del álbum Let It Be del cuarteto de Liverpool. Es una pieza bastante melancólica, musicalizada principalmente por Billie  al piano, y que además incluye una sección de cuerdas, convirtiéndola no sólo en una canción muy hermosa y entrañable, sino en una de las mejores baladas escritas por él.  Tal y como han dicho tanto el frontman de la banda como su productor, ¡Tré! es un final épico para esta trilogía. No “épico” de la manera en que lo fueron American Idiot o 21st Century Breakdown, puesto que estos fueron álbumes creados con un propósito distinto; pero sí, es una manera acertada de describir el cierre de esta nueva etapa de la carrera musical de Green Day.

Terminó mi 2011 Master Quest, conocido por algunos como 2012. Terminó bastante bien, debo decir, a diferencia del primer intento. No morí tantas veces como cuando pasé el primer The Legend of Zelda, sin duda. Hubo un par de bajas no muy importantes, aproveché mis checkpoints, pasé de largo más de una vez por diversos pasajes sin usar marca-libros, y conseguí todos los fragmentos de corazón.

Ese Master Quest me dejó algunas cosas, unas buenas, otras, lamentablemente, no tantas. Una inconformidad que casi raya en desprecio y/o repugnancia hacia la sociedad venezolana, fue una de ellas. Es algo contra lo que he tratado de luchar, pero es como un Priori Incantatem contra el que siempre resulto perdedor. Mientras más observo a la gente, menos quiero interactuar con ella. Mientras más salgo a la calle, más me provoca quedarme en casa. Mientras más a merced estoy a los buenos modales (inexistentes en su mayoría) y buena educación (lo “buena” es cuestionable) de quienes prestan servicios públicos en este país, en todas las diferentes ramas posibles,  más siento que no pertenezco a esta sociedad. Es algo que de verdad me cuesta mucho explicar, esta sensación de impotencia, de rabia, de imposibilidad de entender cómo y por qué la gente se comporta de tales maneras; no sé si estoy mal yo, no sé si soy inconforme y siempre espero demasiado, pero llego a la misma conclusión una y otra vez: siento que no pertenezco a esta sociedad.

Terminé el Master Quest con un año más, obviamente. Un año más de experiencia, con menos HP del que tenía antes, pero con importantes items nuevos: composiciones, propias y ajenas. Leer y escribir han sido las dos cosas que más me han movido durante todo el año, y si me permiten decirlo, he escrito más de lo que he leído, cosa de la que me siento orgulloso. Aunque no sean las más grandes obras de este siglo, han sido pequeñas piezas de experiencia consolidadas en papel que han salido de mi cabeza, mi mano y mi bolígrafo. Desde agosto y hasta el día de hoy, he empezado a poner en marcha ese material, y espero algún día poder enseñárselos acá, a quien sea que pueda estar interesado. Dejé de tomarme en serio hace años eso de ponerme metas para el año nuevo (metas que se me ocurrían 3 minutos antes del momento de comerme las uvas antes de las 12:00 am del 31 de diciembre, y que en el 90% de las ocasiones, terminaba repitiendo hasta llegar a contar 12), y sin embargo, la única meta que realmente pude cumplir durante ese Master Quest, fue leer más. Y espero que la inflación y la decadente economía que cada vez ataca más a mi país no me prohíba seguir leyendo (si es posible, aún más que el año pasado), puesto que soy amante del papel y la pasta dura, y no dispongo de ningún dispositivo electrónico para leer (aunque no soy fanático de este método, a decir verdad).

Lo mejor que me dejó el Master Quest, por una ventaja grande, fue la compañía de una persona increíble, una persona como ninguna que haya conocido antes, y con quien he vivido momentos increíbles, visto cosas nuevas, y visitado lugares más allá de los confines del mapa. Han sido hasta ahora 6 meses (más unos días) de risas, de inventos, de fotografías graciosas, fotografías serias, de carreras de traseros (no preguntar), de combates cuerpo-a-cuerpo espontáneos en lugares al azar, de cafés (muchos, pero muchos cafés), películas, música, largas caminatas, y más, mucho más. Es complicado condensar en palabras todo lo que Karen me ha dado, todo lo que he vivido con ella, y especialmente, lo feliz que me ha hecho, y lo agradecido que me siento por su presencia en mi vida, pero merece una mención honorífica en este pequeño sumario del Master Quest, ya que gracias a ella, lo disfruté al máximo, y lo terminé con creces.

Espero que el ya presente 2013 (sí, me atrasé con esto por una semana) traiga capítulos más interesantes, mapas nuevos, jefes más fáciles de derrotar, acertijos más cortos, compases más armoniosos, y sobre todo, un mejor sistema de logros.

Feliz 2013, blog.

Los últimos meses del año han probado ser movidos, casi siempre (al menos para mí). Noviembre no fue la excepción. Se me hizo un poco largo, y sí, movido. No fue un mal mes, pero sí un poco extraño, poco uniforme. Van 10 días de diciembre, y por alguna razón, siento que noviembre no terminó para mí; no sabría describir esta rara sensación. Sólo espero que, esta vez, el año sí termine. 

Subí al Ávila en teleférico, cosa que no hacía desde que tenía 14 años. Me di cuenta de que es un destino muy frecuentado por los caraqueños los fines de semana, así que la próxima vez que vaya, procuraré que sea un día de semana. Me di cuenta del grave error que es patinar en hielo cuando los patines son 3 o 4 tallas menos que la de mis pies, pero en general, pasé una tarde bastante bonita, perdido entre aquel océano de nubes.

Pude ver a Slash por segunda vez el miércoles 21, esta vez en compañía de Karen, Viviana (con quien asistí antes a My Chemical Romance), y Maria Virginia (que estuvo conmigo cuando vi a Paramore). Fue un día increíble, y el concierto, sin duda, estuvo mucho mejor que el primero, que fue el 31 de marzo del año pasado. A pesar de eso, pasada la primera impresión de ver a Slash, no escribiré una reseña, como suelo hacer. O al menos no por ahora, ya que siento que hay poco que pueda describir de lo que se siente ver a Slash que no haya dicho ya hace más de un año, y bueno, no quiero repetir por el simple hecho de repetir. Pero fue increíble, eso sí.

Vamos a ver qué se viene con el último trozo de 2012.

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Una vez más, tuve el placer de escribir una reseña para Oídos Suciosespero que les guste.

Un par de meses después de la salida de ¡Uno!, el primer álbum de la nueva trilogía de Green Day, finalmente llega a nuestros oídos ¡Dos!, el segundo álbum, esta vez con la cara de Mike Dirnt en la portada. Tal y como dijo el mismo Rob Cavallo (productor de la trilogía y de casi todos los anteriores álbumes de la banda) en una entrevista del mes de julio, “si ¡Uno! es la invitación a la fiesta, en ¡Dos! ya estás en la fiesta”. Y no es una descripción errada.

¡Dos! es un álbum bastante enérgico y movido, cosa que lo diferencia un poco de su predecesor. Si bien es bastante corto, provoca repetirlo una y otra vez. Sin embargo, en comparación a ¡Uno!, las canciones tienen menos cohesión entre sí, y la estructura del álbum puede parecer un poco confusa. Mientras que algunas canciones tienen sonidos más hard-rock y power-pop, otras son más garage-rock, más punk, pero en general, no pierden la esencia rock’n’rollera que la banda tomó con el primer álbum de la trilogía. Vale decir que todas las canciones son buenas, y no se siente que ninguna esté de relleno (aunque en mi opinión, le faltó una intro más enérgica, como la tuvo ¡Uno! con “Nuclear Family”).

El álbum empieza con “See You Tonight”, tan sólo con la voz de Billie Joe Armstrong y una guitarra. Le siguen canciones del más puro garage-rock y rock’n’roll: “Fuck Time”, una canción sobre sexo y sadomasoquismo, que fue originalmente grabada y tocada en vivo por el alter-ego de Green Day, Foxboro Hot Tubs; “Stop When The Red Light Flash”, que recicla un poco la melodía vocal y riff de guitarra de “Homecoming”, “Lazy Bones”, con un riff de guitarra muy similar al de “Give Me Novacaine” y unos cambios de ritmo bastante interesantes, y contratiempos y bien ejecutados; “Wild One”, una especie de balada, más lenta y más pesada que las anteriores, con una letra que recuerda un poco a canciones como “Extraordinary Girl”, “Last of the American Girls” o “¿Viva la Gloria? (Little Girl)”, pero sin duda, con una aire mucho más fresco y alegre.

No es sino hasta que llega “Makeout Party”, (una canción que recuerda bastante a los australianos de Jet) que te sientes realmente en una fiesta, con canciones más melódicas y tempos más rápidos. De esto son una demostración perfecta “Stray Heart”, que fue el primer single y una de las mejores canciones del álbum, muy estilo bubblegum, con una línea de bajo bastante pegajosa, y un coro explosivo llenos de guitarras. Es una de las canciones que más recuerda a Foxboro Hot Tubs, pues, como dijo Billie Joe Armstrong, ¡Dos! iba a ser originalmente el segundo álbum de su banda alter-ego; “Ashley”, una canción muy punk, bastante directa, y fuerte en cuanto a su contenido lírico (“I’ve tasted cigarettes and liquor on your breath, you used to call it speed but now it’s crystal meth”), “Baby Eyes”, similar a “Angel Blue”, empieza con un riff de guitarra algo disonante, pero viene cargada de melodías vocales alegres que cuesta sacar de la cabeza después de escucharla; sigue “Lady Cobra”, una canción muy rock’n’rollera, al estilo de Foxboro Hot Tubs, titulada por la cantante del mismo nombre (vocalista del grupo Mystic Knights of the Cobra) y quién además canta (o mejor dicho, rapea) junto a Billie en “Nightlife”, una canción que hay que escuchar más un par de veces para acostumbrarse, puesto que no es lo usual que uno escucharía de Green Day, ni siquiera en sus fases más experimentales. Nos llevan de vuelta a la fiesta con “Wow! That’s Loud”, otro de los puntos fuertes del álbum, con un sonido bastante vintage y un ritmo alegre, donde se escucha mucho la influencia de los Foxboro. El álbum finaliza con “Amy”, de la misma manera que empezó, con Billie y su guitarra, esta vez rindiéndole un homenaje a Amy Winehouse, que falleció en julio del año pasado. Sobre este homenaje a la cantante, Billie comentó: “su muerte fue el año pasado, creo que alrededor de ese tiempo yo sólo pensaba que su música y sus gustos estaban conectados con el soul antiguo y original de Motown Records, Otis Redding, Sam Cooke y cosas así. Creo que fue una gran pérdida porque fue la conexión con una generación a todo esto y es alguien que debería estar aquí ahora. Me sentí muy triste. ¡Oh Dios mío! Esta enorme figura musical que acabamos de perder y ya sabes, eso es horrible”.

¡Dos! es un álbum muy bueno, con un equilibrio perfecto entre pop, punk y rock’n’roll, y que si bien está lleno de canciones nuevas y diferentes, llevan el sello característico de Green Day. Toma escucharlo varias veces para acostumbrarse completamente a su sonido, pero vale la pena completamente.

Pues bien, un par de semanas ya de haber escuchado el álbum me han hecho quererlo un poco más. No sólo al lado fiestero que va desde “Makeout Party” hasta “Wow! That’s Loud”, sino otras canciones como “Wild One” o “Lazy Bones”, que tardaron un poco en acabar gustándome. Es un álbum realmente bueno y adictivo, se los recomiendo mucho.

Quedé debiendo octubre, con la esperanza de que noviembre traiga algo mejor. A esperar.

Pasó septiembre sin mucha novedad, sin mucho que contar; llegó octubre, volvió a ganar Chávez, y yo ya no quiero hablar de más nada.

Quiero compartir acá esta reseña del nuevo álbum de Green Day que tuve el placer de escribir para la página web Oidos Sucios:

En la época que atraviesa la música actualmente, a las bandas y artistas en general, les resulta difícil (por no decir imposible) reinventarse para mantenerse sonando con buen material en el mercado, sin volverse repetitivos o aburridos. Sin embargo, Green Day parece haberlo logrado esta vez. Con el lanzamiento de su nuevo álbum, ¡Uno! (el primero de una trilogía de álbumes pensada a salir en intervalos de dos meses: ¡Uno! en septiembre, ¡Dos! en noviembre y ¡Tré! en enero), no sólo salieron de la sombra de sus dos últimos álbumes de opera Punk-Rock (American Idiot de 2004 y 21st Century Breakdown de 2009), sino que presentan un repertorio genial de 12 canciones (de 36 en total que traerá la trilogía) que recuerdan a ese sonido que los hizo famosos hace dos décadas, con reminiscencias a álbumes de la talla de Dookie o Warning.


¡Uno! 
es un álbum que suena bastante noventoso; tiene un sonido bastante fresco, y enérgico. Cada canción está cargada de los elementos que siempre han caracterizado a Green Day: grandes melodías entre riffs de guitarras, las armonías vocales tradicionales de Billie Joe Armstrong y Mike Dirnt, y la batería imparable de Tré Cool; todo esto repotenciado con un sonido más Rock´N´Rollero, muchos licks y solos de guitarra de Jason White (cosa que no era muy frecuente escuchar de Green Day antes), y guitarras y bajos más directos, con un aire vintage inconfundible.

Desde que inicia, el álbum te lleva por canciones que son como una patada en la cara, empezando con “Nuclear Family”, casi seguida por el himno “Carpe Diem”, luego hacia la mitad del álbum con una iracunda “Let Yourself Go” (que fue el 3er single promocional), y casi terminando con la brutal “Loss Of Control” o la rápida “Angel Blue”. No podían faltar, como se ha hecho característico en Green Day, canciones románticas (no baladas), como “Stay The Night“, “Fell For You” y “Sweet 16”, todas bastante buenas, con un ligero aire de Kerplunk, al estilo de la clásica “2000 Lightyears Away”. Tenemos también canciones con sonidos Pop/Punk vintage como “Kill the DJ”, la cual ha sido nombrada muchas veces por su sonido al estilo de The Clash, o “Troublemaker”, un poco más Power Pop, bastante pegadiza. Algo que llama un poco la atención es el hecho de que no incluyeron ninguna balada del tipo de “Boulevard of Broken Dreams”, “21 Guns” o “Macy´s Day Parade”, como ya se había hecho costumbre en álbumes anteriores, pero esto realmente no es un punto en contra, ya que le da una mayor cohesión al álbum, y mantiene el rush de energía que trae de principio a fin.

El disco, a pesar de estar cargado de la sencillez que Green Day siempre ha implementado en su música, es lo suficientemente variopinto como para dejar un buen sabor de boca. Si bien la promoción del álbum no fue exactamente la mejor (puesto que los dos primeros singles “Oh Love” y “Kill the DJ” no fueron del agrado de muchos fans, y a decir verdad, son de los puntos más débiles del álbum), realmente no decepciona al escucharlo, y realmente no puedo dejar de enfatizar lo mucho que recuerda a ese Green Day de la vieja escuela.

Cabe decir que no sólo la banda se lució con la grabación de este álbum, sino que además Rob Cavallo, quien ha producido todos los álbumes de Green Day (con excepción de 21st Century Breakdown) desde Dookie en 1994, realizó un excelente trabajo. En una entrevista que se le hizo a Cavallo en julio, comentó sobre la trilogía: “Mientras que ¡Uno!¡Dos!, y ¡Tré! no son un álbum conceptual de tres discos (ya que cada álbum resalta por sí mismo), están unidos temáticamente. ¡Uno!representa más o menos las sensaciones y la emoción de prepararte para ir a una fiesta”, explica. “¡Dos!es acerca de estar ya en la fiesta, en las garras del alcohol, sexo, drogas y Rock N´ Roll. Y ¡Tré! Es más o menos como la mañana siguiente, cuando despiertas y tienes una reflección diferente sobre tu vida.” Así mismo, afirmó que ¡Tré! es el álbum que considera el más ambicioso de la trilogía, “con un final muy Beatlelezco”. Bajo la batuta de Cavallo, sólo se puede esperar que los dos álbumes por venir suenen igual, o incluso mejor que el primero.

Al escribir esta reseña, intenté tomar un enfoque distinto al que tengo usualmente cuando escribo reseñas de álbumes aquí, puesto que aquí no tengo que preocuparme de ser tan objetivo, ya que escribo principalmente para mí, y después para cualquier internauta distraído que pueda pasar por aquí. Sin embargo, sí me gustaría añadir un poco más a lo que escribí anteriormente.

El álbum salió hace 3 días, sin embargo, tengo 10 días ya escuchándolo, y debo decir que no sólo me dejó una mejor impresión que 21st Century Breakdown(*) a primera escucha, sino que cada vez me ha ido gustando más. Pese a no ser un álbum conceptual como los dos anteriores, las canciones tienen temas bien definidos, y se defienden muy bien por sí solas. A medida que lo voy escuchando más, me doy cuenta de que elegir una favorita está difícil, porque todas son buenas, y las voy apreciando de maneras distintas con el tiempo.

Después de lo grande que fue American Idiot, el lanzamiento de 21st Century Breakdown fue un poco subestimado. El álbum, si bien no fue malo, fue un poco inconsistente. Tuvo, en mi opinión, algunos puntos muy fuertes y otros puntos muy débiles, encontrando muy pocos puntos medios que pudieran evitar que en un futuro, la gente recuerde este álbum solamente por algunas canciones, y no como una trabajo completo. Personalmente, a mí me gustó bastante, a pesar de todo eso, y puedo escucharlo de principio a fin disfrutándolo bastante (bueno, no a fin, porque la canción que cierra el álbum… Digamos que preferiría que no existiera).

Luego de esa experiencia con el álbum que Green Day lanzó en el año 2009, después de 5 años de ausencia, intenté no elevar mucho mis expectativas sobre ¡Uno!, pero nada que ver. En mi opinión, fue un álbum excelente, que representa muy bien el legado de la banda; un álbum que simplemente no puedes parar de escuchar. Se los recomiendo muchísimo.

(*) Pueden leer una reseña que hice de 21st Century Breakdown hace tres años, canción a canción, aquí.